Encarna tu divinidad

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Todo lo que vives tiene un impacto en tu cuerpo.
Cada herida emocional, cada trauma, cada bloqueo… dejan su huella.
Pero tu cuerpo no es solo la vasija que contiene tu historia.

También es un mapa de tu inconsciente, de todo lo que has vivido y lo que has heredado en esta encarnación.

El cuerpo sostiene todo lo que fuiste, lo que no pudiste ser, lo que dolió y lo que intentaste olvidar.También es el lugar donde se alquimiza y transforma toda tu experiencia de vida.
El portal hacia la sanación y también la puerta a tu divinidad.

Y no es extraño que, cuando hay un dolor profundo, te apartes o te disocies de él.Esto puede llevarte a ir hacia arriba, buscando conectar con tu divinidad, pero en el fondo sigues rechazando algo:la tierra, la materia y el cuerpo.
No puedes encarnar tu divinidad si no estás anclada en tu cuerpo.
Tu autenticidad y tu verdadera esencia no puede mostrarse si no estás encarnada.
Y para eso, el cuerpo necesita sentirse seguro.
La seguridad no es algo que se piense, es algo que se siente.
Y ahí está la clave: tu sistema nervioso es la base de tu biología y si está fijado en la desregulación (supervivencia) encarnar es un peligro que vas a evitar.

Quizás eres de las que te preguntas;
Con todo lo que ya he hecho,
¿porqué sigo tropezando con los mismos patrones?
Con todo el conocimiento que tengo de mis heridas,
¿porqué me siguen supurando?
Con todo lo que cuido mi salud o mi alimentación,
¿porqué el cuerpo aún somatiza?

Por que no estás aceptando y eso, también es parte de este proceso de encarnación.
Todo ese trabajo que ya hiciste, toda la conciencia que has despertado…necesita ahora alquimizarse en tu cuerpo para materializarse en tu vida.
Porque el cuerpo es el portal hacia la divinidad.
El lugar donde la energía se vuelve materia, donde el alma se encarna, donde la vida se integra.

Si quieres iniciar el camino de vuelta a ti.

✨ Si sientes que esta es la llamada…
Te espero al otro lado.
Con los pies en la tierra,
la cabeza en las estrellas,
el cuerpo como oráculo
y el alma despierta.

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