Cuando la sensibilidad se convierten en una forma sofisticada de huir del cuerpo.

La trampa de percibirlo todo 'arriba' para no sentir lo que te pasa por dentro.

LA BRÚJULATRAUMASENSIBILIDAD

Georgina Ribatallada

9/10/20265 min read

sun flare through tree branches
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Durante años nos han repetido una afirmación: no puedes saber lo que sienten o piensan los demás. Sin embargo, quienes vivimos con un sistema nervioso altamente perceptivo sabemos que eso no es del todo cierto.

Hay personas que percibimos mucho más allá de la superficie. Sentimos el campo emocional del entorno con una claridad casi incómoda: captamos la tensión oculta detrás de una sonrisa, la rigidez en unas palabras amables o la incoherencia entre lo que alguien dice y lo que realmente está sintiendo.

Esa sensibilidad puede traducirse en intuiciones nítidas, sueños, imágenes o sensaciones físicas que luego se confirman. Y cuando eres un niño o creces en un entorno que niega lo que sientes, es natural buscar validación. Necesitamos demostrar que "sabemos" para no dudar de nuestra propia cordura, especialmente cuando los demás intentan esconder aquello que no quieren mirar.

Sin embargo, hay una trampa profunda en este proceso: percibir más no significa estar más presente.

Cuando la sensibilidad se convierte en una vía de escape

Puede parecer una contradicción, pero es una realidad muy común: hay muchas personas profundamente intuitivas que están completamente desconectadas de su propia vida.

  • Puedes sentir el enfado de alguien antes de que abra la boca, pero ser incapaz de ponerle un límite cuando te falta al respeto.

  • Puedes detectar el sufrimiento ajeno y volcarte en rescatarlo mientras ignoras tu propio dolor físico o emocional.

  • Puedes tener una percepción extraordinaria y, al mismo tiempo, tomar cada decisión diaria desde el miedo o la parálisis.

Cuando el mundo interno o el historial de trauma son demasiado dolorosos, la sensibilidad se transforma en un muy buen mecanismo de defensa. Si habitar tu cuerpo o tu realidad se siente insoportable, el sistema nervioso aprende a disociarse e irse "hacia arriba": hacia la energía, las señales, los mensajes, los sueños o lo invisible.

Una experiencia mística puede ser profundamente reveladora, pero a menudo es una estrategia brillante del cuerpo para huir de una realidad presente que no tiene la estructura para sostener.

La trampa de «necesitar ser el don»

Cuando una persona ha crecido escuchando que exagera, que está loca o que es demasiado sensible, encontrar un espacio o una corriente espiritual que le diga: "Tú tienes un don, eres especial", resulta profundamente reparador. Le ayuda a dejar de sentirse defectuosa.

El peligro aparece cuando pasamos de tener una capacidad a necesitar identificarnos con esa capacidad para sentirnos seguras.

Sin darte cuenta, la espiritualidad (que prometía liberarte de la necesidad de aprobación externa) puede generar una nueva dependencia. Ya no necesitas que la gente te valide, pero ahora necesitas que el Universo te envíe señales constantes para confirmar que vas por el buen camino. Y eso se puede convertir en otra cárcel y llevarte demasiado lejos de la vida en la tierra.

Hemos confundido espiritualidad con consciencia, y no son lo mismo:

  • Puedes hablar de energía y estar completamente desconectada de tus sensaciones corporales.

  • Puedes hablar de almas y no saber sostener una conversación incómoda.

  • Puedes interpretar cada coincidencia como un mensaje del destino para no tomar la decisión práctica que tienes delante.

Decirle a alguien que su sufrimiento "tiene un propósito" o que "lo ha elegido para aprender" no hace que duela menos; a menudo, solo añade culpa y retraumatiza. No todo necesita una explicación cósmica; a veces simplemente necesitas llorar, enfadarte, poner un límite e irte.

Discernimiento: La diferencia entre intuición y respuesta traumática

Tener una alta capacidad de percepción no nos hace infalibles y percibir algo no es lo mismo que interpretarlo correctamente.

Puedes notar una amenaza en el ambiente y descubrir después que no era tu intuición, sino tu sistema nervioso reaccionando a un patrón del pasado. Desde dentro, a veces puede ser difícil distinguir una intuición clara de una respuesta de supervivencia traumática.

Aquí es donde entra el verdadero discernimiento y la importancia del trabajo con el sistema nervioso. La madurez no consiste en asumir que todo lo que sientes es una verdad absoluta, sino en tener la pausa suficiente para preguntarte:

¿Esto es una percepción clara del presente o es mi cuerpo reaccionando a una herida antigua?

Un don sin raíces te lleva muy lejos (lejos de tu vida)

Es infinitamente más seductor analizar qué tránsito planetario justifica tu estado de ánimo que sentarte a revisar tu cuenta bancaria y es más excitante preguntarte el significado kármico de un vínculo que asumir por qué sigues en una relación que te hace daño y tomar decisiones.

Pero desde el trabajo de regulación somática, la prueba de la consciencia no está en cuánto percibes en lo invisible, sino en cuánto de eso puedes encarnar en la tierra:

  • ¿Puedes pagar tus facturas sin entrar en pánico o evadirte?

  • ¿Puedes sostener un «no» firme cuando tu cuerpo necesita descanso?

  • ¿Puedes sentir el miedo o la tristeza sin necesidad de maquillarlos con una frase bonita?

Si toda tu percepción te sirve para volar alto, pero no puedes bajarla a tu cuerpo, a tus relaciones, a tu dinero y a tus decisiones diarias, no te está liberando: te está aislando.

Cómo empezar a bajar el cielo a la tierra

Tener un don con consciencia no es percibir cada vez más cosas, es desarrollar la estructura biológica y emocional necesaria para sostener lo que percibes sin perderte a ti misma en el camino.

Si sientes que llevas tiempo viviendo en la cabeza o en la dimensión energética para no sentir la incomodidad de tu realidad, el camino de vuelta no pasa por analizarte más, sino por darle capacidad y raíces a tu sistema nervioso:

  1. Rastrea la disociación: La próxima vez que te pilles buscando obsesivamente el «significado oculto» de algo que te abruma, para un segundo y pregúntate: ¿Qué sensación física en mi cuerpo estoy intentando no sentir ahora mismo?

  2. Haz espacio para lo terrenal: Practica tolerar la incomodidad de decir un «no», de no saber qué va a pasar o de sostener una conversación difícil sin recurrir a explicaciones espirituales.

  3. Anclaje físico: El cuerpo es el lugar que te ancla al presente. La respiración consciente, la fuerza física y el movimiento son la verdadera estructura que sostiene la percepción.

  4. Hábitos terrenales humanos: Haz grounding, escarba en la tierra, acaricia a tu gato, huele unas flores, sal a que te de el sol, baila o sacude tu cuerpo. Todo eso te conecta con sensaciones corporales.

La sensibilidad no es un problema que tengas que superar ni un pedestal desde el que mirar al mundo. Es una forma de percibir la vida que, cuando tiene raíces suficientes en el cuerpo, deja de ser una vía de escape para convertirse en tu mejor brújula.

  • La espiritualidad puede ser consciencia, pero también puede ser evasión.

  • La sensibilidad puede ser percepción, pero también puede estar atravesada por hipervigilancia.

  • La intuición puede orientarte, pero no debería sustituir tu capacidad de discernir.

¿Sientes que tu sensibilidad o tu hipervigilancia te están sacando de tu propio cuerpo? Si quieres aprender a regular tu sistema nervioso y pasar del sobrepensamiento a la presencia real, puedes reservar una Sesión de Orientación o ponerte en contacto conmigo.