¿Y si el amor propio no es lo que te han contado?

Por qué intentar quererte más no está funcionando.

Georgina Ribatallada

10/3/20263 min read

an image of a very large and colorful object in the sky
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Por qué intentar quererte más no está funcionando.

Nos han vendido el amor propio como si fuera un interruptor mental. La narrativa más habitual te dice que solo necesitas cambiar tus pensamientos, repetir afirmaciones positivas frente al espejo, regalarte un día de spa o escribir una lista de las cosas que te gustan de ti.

Pero si has intentado todo eso y por dentro sigues sintiendo vacío, autoexigencia o culpa cada vez que paras, déjame decirte algo: el problema no es que no te quieras lo suficiente. Quizás hay una parte de ti que todavía no se siente segura cuando bajas la guardia.

El mito del amor propio intelectual

Intentar amarte desde la cabeza mientras tu sistema nervioso está funcionando desde la supervivencia es como intentar pintar una pared mientras la casa se está quemando.

Puedes decirte mil veces «merezco cosas buenas», pero si tu cuerpo está acostumbrado a funcionar desde la alerta, es posible que esa afirmación no llegue a sentirse verdadera.

Para un sistema nervioso regulado, el autocuidado es algo natural. Pero para un sistema nervioso que creció en el caos, la crítica, la negligencia o la exigencia desmedida puede ser lo siguiente:

  • Descansar puede sentirse como peligro: incomodidad, culpa, necesidad urgente de hacer algo.

  • Poner un límite puede activar miedo al rechazo o al abandono.

  • Mirarte al espejo con amabilidad puede resultar mucho más difícil cuando llevas años acostumbrada a buscar primero lo que está mal.

La crítica interna no es un fallo: es una estrategia de protección

Pasamos años peleando contra nuestra voz crítica. La odiamos, intentamos acallarla o nos culpamos por no ser más compasivas con nosotras mismas.

Sin embargo, desde la mirada somática, esa voz crítica no necesariamente está ahí para destruirte: puede haber aprendido a protegerte de una determinada manera, o es el eco de otra voz.

En algún momento de tu historia, aprender a exigirte, vigilarte o criticarte pudo convertirse en una manera de intentar evitar el rechazo o el conflicto. Quizás aprendiste que si tú te criticabas primero, el golpe de afuera dolería menos, o que si detectabas antes tus errores podrías corregirte a tiempo y evitar problemas.

No puedes erradicar esa voz a la fuerza. Lo que necesita esa parte de ti no es que le repitas frases bonitas, sino que tu cuerpo experimente, con hechos y sensaciones reales, que hoy puede experimentar que no todo aquello que antes necesitaba controlar sigue ocurriendo.

El amor propio no es una idea: es cómo estás contigo.

El verdadero amor propio no es una emoción bonita ni un estado de iluminación permanente. Es una capacidad de sostén interno.

No se mide en cuántas cosas te gustan de ti, sino en qué pasa en tu cuerpo cuando te equivocas, cuando te rechazan o cuando la vida se pone incómoda:

  • ¿Puedes sostener tu propia incomodidad sin anestesiarte?

  • ¿Puedes permitirte estar agotada sin tener que justificarlo con una lista de logros?

  • ¿Puedes sentir tu tristeza o tu rabia sin juzgarte por sentirla?

El amor propio terrenal no es gustarte siempre; es abrazarte y no abandonarte cuando peor te sientes. Y eso no se aprende leyendo libros: se construye en la experiencia: cuando descansas aunque aparezca culpa, cuando pones un límite aunque incomode, cuando puedes quedarte con una emoción sin tener que salir corriendo de ella..

Cómo empezar a construir un sostén real

Si quieres pasar del amor propio de frase motivacional a algo que realmente puedas vivir, el camino no pasa por esforzarte más en quererte.

  1. Rastrea la resistencia al autocuidado: La próxima vez que intentes descansar o hacer algo por ti y sientas culpa o inquietud, no intentes taparlo. Observa dónde se siente en el cuerpo esa incomodidad, sin intentar hacerla desaparecer inmediatamente.

  2. Cambia la afirmación por la presencia: En lugar de decirte “me amo incondicionalmente” (que tu cuerpo no se cree), prueba con algo terrenal: Estoy aquí, no me voy a ir .

  3. Empieza por límites pequeños: El verdadero amor propio se traduce en hechos prácticos: un no dicho a tiempo, apagar el teléfono a una hora determinada, descansar cuando estás cansada o dejar de hacer algo simplemente porque los demás esperan que lo hagas.

El amor propio no consiste en conseguir que te gustes más. Consiste en aprender a no abandonarte cuando aparecen la culpa, el miedo, la rabia, la tristeza o la incomodidad.Si sientes que tu cuerpo no sabe cómo descansar o sostenerse sin exigencia y quieres empezar a vivir la vida de otra manera, puedes contactarme y miramos si mi servicio de acompañamiento es para ti.